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miércoles, 22 de junio de 2011

No me sueltes nunca. Quédate quieto, así como estas ahora. Y bésame, como si fuera el último beso, como si fuera el último día de nuestras vidas. Quédate dándome besos, sí, de esos tuyos, los que tanto me gustan, de esos que cuando rozan mi piel siento como todos y cada uno de los pelos de mis brazos se erizan con el filo de tus labios. Besos que alegran el día, las tardes y las noches, esas noches bajo el cielo oscuro en las que solo existe un tú y un yo, esas noches en las que cambia hasta el color de las estrellas. 

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